! MUJERES, LITERATURA Y PREMIOS NOBEL ¡

Las precursoras

Las pioneras de este siglo, es justo reconocerlo, tuvieron también sus predecesoras. Y no fue poco lo que sufrieron las mujeres que, a lo largo de la historia, tuvieron la temeridad de no esconder su genio. Nombraré sólo unas pocas, las más famosas. En la antigüedad tenemos a Safo, la poeta a quien Homero llamó “la décima musa”. (Por cierto, fue ella nativa de la isla de Lesbia; de allí se originó la palabra “lesbiana”, con la cual comúnmente se designa hoy a las mujeres homosexuales. Sin embargo, es irónico que la supuesta homosexualidad de Safo probablemente se basa en la ira contra su genio incomparable por parte de algunos literatos posteriores, quienes querían desacreditarla en una época en la cual la homosexualidad era
rechazada por considerarla “contra natura”). En el campo de la ciencia, encontramos en el siglo IV de nuestra era a una Hypatia, filósofa, astrónoma y matemática, despedazada por una muchedumbre airada que la acusaba de ser “bruja”, por ser hebrea y por ser capaz de pensar y enseñar “como un hombre”.

En la Edad Media, no podemos dejar de mencionar a esa gran guerrera, Juana de Arco, visionaria religiosa y genio de las artes bélicas, a quien los obispos franceses condenaron como “hereje” y quemaron en la hoguera. En el campo de las letras, varias mujeres, “trovadoras” de Provenza como Marie de France y Beatriz de Die, ayudaron a desarrollar el concepto del “Amor cortés”, que inicialmente se basó en una gran libertad sexual de las mujeres de la nobleza, unida a una veneración casi religiosa hacia la mujer por parte
de su amante.

Desafortunadamente, con el tiempo esta veneración se fue degenerando en la literatura cortesana hacia una caballerosidad que paralizaba a las mujeres, convirtiéndolas en seres angelicalmente asexuados, y grotescamente pasivos y dependientes. Contra esta versión corrompida y misógina del amor cortés, llevada por Jean de Meung a sus últimas consecuencias en el poema “Roman de la Rose”, escribiría su condena Christine de Pizan, hacia fines de la era medieval. El sentido y sesudo alegato de Christine de Pizan contra el sexismo literario de Jean de Meung, fue la chispa que desató la “querelle des femmes”, o querella de las mujeres, la disputa intelectual que tanta tinta hizo correr de lado y lado.

Durante el Renacimiento se destacan varias mujeres en el campo de las artes, de las cuales quizá la más famosa sea Artemisia Gentileschi. Esta pintora genial fue torturada por la Inquisición en el juicio contra su maestro Tassi, a quien el padre de Artemisia acusaba de haberla violado y de negarse a cumplir su promesa de casarse con ella. Artemisia continuaría pintando toda su vida; su serie de cuadros sobre “Judith decapitando a Holofernes” tal vez refleja su ira inconsciente contra el poder patriarcal que tanto daño le hizo.

En la era moderna, a partir de la Revolución Francesa, aumentan gradualmente los nombres de las mujeres que se destacan, empezando por aquella gran defensora de los derechos de las mujeres, Olympe des Gouges, que pagó por sus esfuerzos en la guillotina. Sin embargo, ya en el siglo XIX las mujeres empiezan a irrumpir con cada vez más fuerza en las ciencias, en la literatura, en las artes. Los obstáculos para la expresión del talento femenino, si bien no desaparecen, empiezan a ser menos lesivos; se va abriendo camino al reconocimiento de las obras de mujeres. Mencionaremos sólo, a manera de ejemplo, a grandes novelistas como Jane Austen, Charlotte y Emily Brontë, George Elliot, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Emilia Pardo Bazán. En el campo político, la historia se ha encargado de destacar las hazañas de mujeres excepcionales, luchadoras por la independencia de sus países, mujeres como Policarpa Solavarrieta, Manuela Sáenz, la cubana Mariana Grajales. Entre las científicas, tenemos, por ejemplo, a una Maria Mitchell, la astrónoma norteamericana descubridora de cometas, primera mujer miembro de la American Academy of Arts and Sciences, vencedora de los prejuicios de quienes querían cerrarle sus
puertas; a una Ada Lovelace, quien desarrolló un sistema binario de computación que en este siglo sería empleado para los sistemas cibernéticos.

En esta sección sobre las predecesoras de las grandes autoras, artistas y pensadoras de este siglo, nos concentraremos en las mujeres del siglo inmediatamente anterior al nuestro. Comenzamos con una breve semblanza de Gertrudis Gómez de Avellaneda, a cargo del escritor cubano Jorge A. Castellanos.
 

Gertrudis Gómez de Avellaneda, por Jorge A. Castellanos.
 

Nacida en Cuba en 1824, vivió la mayor parte de su vida en España, donde murió en 1873. Por eso es conceptuada hoy como una gloria tanto de la literatura americana como de la peninsular. Gran poeta, dramaturga y novelista, cultivadora extraordinaria del género epistolar, su obra no fue reconocida en toda la dimensión de su mérito por mucho tiempo. No hay que ir muy lejos para buscar la causa: en 1853, cuando se propuso su ingreso en la Real Academia de la Lengua, fue vetada porque en los estatutos de esta
venerable institución se prohibía la admisión de mujeres. Uno de los pocos contemporáneos en proclamar su grandeza fue el ilustre don Juan Valera al afirmar que no sólo ostentaba ella la primacía “sobre cuantas personas de su sexo han pulsado la lira castellana”, sino que su nombre podría colocarse junto a las grandes poetisas de la antigüedad clásica y el Renacimiento. Contemporáneamente, se le tiene por los eminentes críticos Emiliano Díaz-Echarri y José María Roca Franquesa como “la más grande escritora de nuestra lengua desde el Siglo de Oro”. Y por el reputado ensayista José Antonio Portuondo como “la más grande de los escritores de su tiempo”.

Este crítico cubano la ubica así a la cabeza de todos los literatos de su época, hombres o mujeres.

Su producción literaria se distingue por su poderoso impulso emocional, su vigoroso individualismo romántico y su alta calidad estética. Y, además, en lo político-social, por su definida orientación liberal, progresista y
humanitaria. La Avellaneda siempre simpatizó con los mejores intereses de su isla nativa, siempre condenó las execrables instituciones que la aherrojaban, principalmente la esclavitud. Su novela “Sab” (publicada en
1841), pertenece a la pujante corriente de la literatura abolicionista cubana del siglo XIX. Su descripción, en esta obra, de la curel explotación a que eran sometidos los esclavos enlos ingenios azucareros de su país, constituye una de las protestas antiesclavistas más poderosas de su época. Con su encendida retórica romántica, protesta: “Ah!, sí, es cruel espectáculo la vista de la humanidad degradada, de hombres convertidos en brutos, que llevan en su frente la marca de la esclavitud y en su alma la desesperación
del infierno”. Por algo la circulación de ese libro fue prohibida en Cuba por el gobierno colonial.

El abolicionismo de “Sab” es consecuencia inevitable de la postura igualitarista de su autora. Es una faceta de un sistema ideológico más amplio que abraza, entre otros elementos, la defensa de todas las minorías o
grupos humanos oprimidos, incluyendo al indio y a la mujer. En “Sab” encontramos las raíces del posterior “siboneyismo” que floreció en la literatura cubana en la segunda mitad del siglo XIX. Y también encontramos en esta novela las primeras expresiones del feminismo literario cubano (y probablemente hispanoamericano). Respirando seguramente por la herida, la joven rebelde escribe: “Oh, las mujeres! Pobres y ciegas víctimas!
Como los esclavos, ellas arrastran pacientemente su cadera y bajan la cabeza bajo el yugo de las leyes humanas. Sin otra guía que su corazón ignorante y crédulo, eligen un dueño para toda la vida. El esclavo, al menos, puede cambiar de amo, puede esperar que juntando oro, comprará algún día su libertad, pero la mujer, cuando levanta sus manos enflaquecidas y su frentre ultrajada para pedir libertad, oye el monstruo de voz sepulcral que le grita: ‘En la tumba'”.

La voz de esta escritora excepcional del siglo pasado sigue clamando desde su tumba por los derechos de todos los seres todavía oprimidos en el siglo presente y en el milenio que se acaba.
 

Las “nobelistas”

Entre las excepcionales mujeres que en este siglo han llegado al pináculo de su labor creativa, contamos con treinta ganadoras de premios Nóbel entre 1903, cuando la primera mujer recibió este galardón, y 1998. Los premios se distribuyen así: dos en Física, tres en Química, seis en Fisiología y Medicina, diez de la Paz, y nueve en Literatura. Conforman estas veintinueve mujeres (una de ellas, Marie Curie, recibió dos premios) sólo un 5 por ciento de los Premios Nóbel otorgados desde su inicio. Y sin embargo, considerando las enormes resistencias que las mujeres han encontrado y aún encuentran para ejercer sus profesiones y acceder a los “santuarios” de la ciencia, donde se encuentran los recursos para investigar, o para ser tomadas en serio como activistas políticas o como literatas, es todavía mayor su mérito. A continuación presentamos breves reseñas sobre algunas de “las Nobelistas”.

Premios Nóbel de la Paz

Bertha Von Suttner (Austria): Conocida novelista y notable pacifista. Su novela “Abajo las Armas!” solo fue superada en popularidad en el siglo XIX por “La Cabaña del Tio Tom”, escrita por otra mujer: Harriet Beecher Stowe.

Jane Addams (Estados Unidos): Reformadora social, pacifista y sufragista. Primera mujer en ocupar la Presidencia de la Conferencia Nacional de Trabajo Social en Estados Unidos (1910).

Emily Greene Balch (Estados Unidos): Economista, reformadora social y pacifista. Fue Secretaria de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad de 1919 a 1922.

Mairead Corrigan (Irlanda del Norte): Premiada por su intenso trabajo tratando de reconciliar a las dos comunidades religiosas más importantes de Irlanda.

Betty Williams (Irlanda del Norte): Premiada simultáneamente y por las mismas razones que Mairead Corrigan.

Madre Teresa de Calcuta (India): Originaria de Albania, fundó la orden de monjas Misioneras de la Caridad, agregando a los tres votos tradicionales de las religiosas (pobreza, castidad y obediencia) otro mas: servir a los pobres. Sus contribuciones en este sentido han sido extraordinarias.

Alva Myrdal (Suecia): Socióloga. Directora del Departamento de Ciencias Sociales de la UNESCO desde 1951 a 1955. Gran defensora del desarme internacional.

Aung San Suu Kyi (Myanmar): Hija del gran líder de la lucha nacionalista de Birmania, Aung San, se ha convertido en lider del movimiento democrático de su país, sufriendo por ello persecuciones y presidio
político.

Rigoberta Menchú (Guatemala): Elegida para el premio en reconocimiento de sus esfuerzos en pro de la justicia social, la defensa de los indígenas de Guatemala, y la reconciliación etno-cultural en la América Latina.

Jody Williams (Estados Unidos): Premiada por su liderazgo en la campaña en favor de la prohibición y eliminación de los campos minados.

 

Premios Nóbel en Literatura:

Selma Lagerloff (1858- 1940): Novelista sueca cuya obra hunde sus raíces en el mito, la leyenda y a menudo en lo sobrenatural. Se inspiró en el folklore y la narrativa oral de su país. Se le considera sin paralelo en la
literatura sueca por sus dotes narrativas. Su autobiografía (en varios volúmenes) fue un “best-seller” en la década de los treinta.

Grazia Deledda (1875-1936): Novelista italiana. En obras como “La Madre” ofrece una vision naturalista de la vida esforzada y difícil del campesinado de Cerdeña, donde había nacido. Su novela “Cósima” es autobiográfica.

Sigrid Undset (1882-1949): Novelista noruega. Buena parte de su obra (como “Kristin Lavransdotter” y la tetralogía “El señor de Hestviken”) está inspirada en la historia medieval de su país. Sus novelas muestran la
erudición y el estilo original y sereno de su autora.

Pearl Buck (1892-1973): Novelista y biógrafa nacida en Estados Unidos. Hija de misioneros protestantes norteamericanos, pasó su juventud en China, cuya sociedad retrata en la más famosa de sus obras, “La Buena Tierra”. Escribió más de 80 libros. Su estilo simple y directo, así como muchos de sus temas, muestran la influencia de la novelística china.

Gabriela Mistral (1889-1957): Nacida en Chile, su verdadero nombre era Lucila Godoy. Educadora, ensayista y, sobre todo, poeta. Fue el primer escritor de la América Latina que recibió el Premio Nobel. Durante 20
años se desempeñó como cónsul de su país en diversos países. Su poesía ha sido traducida a muchos idiomas. Poetas como Pablo Neruda y
Octavio Paz reconocieron su influencia.

Nelly Sachs (1891-1970) : Poeta y dramaturga de origen judío, nacida en Alemania pero nacionalizada en Suecia. Comenzó a escribir poesía a los 17 años.En 1940, durante el Nazismo, huyó de Berlín y se radicó en Suecia. Su poesía lírica y dramática a menudo trata sobre temas relacionados con la historia del pueblo hebreo.

Nadine Gordimer (1923- ): Novelista surafricana, de padres judíos, cuya obra toma posición contra la discriminación racial reinante en su país. Uno de sus temas recurrentes es la injusticia del sistema del apartheid, y los conflictos morales que éste supone para la clase media blanca. Muy admirada por la fuerza de sus diálogos y por su habilidad de escribir apasionadamente sin caer en dogmatismos. Entre sus obras tenemos “La historia de mi hijo”, “Un mundo de extraños”, y “Ocasión para amar”.

Toni Morrison (1931- ): Novelista de Estados Unidos cuya obra retrata la situación de la población negra (a la que ella pertenece) en su país. Creció en Ohio durante la Gran Depresión, en una familia pobre pero muy unida. Mostró dotes extraordinarias desde la niñez. Sus obras incluyen “Sula”, “Canción de Salomón”, y “Jazz”. Una de sus novelas más aclamadas, “Hija amada” (Beloved) ha sido llevada a la pantalla recientemente.

Wislawa Szymborska (1923- ): Poeta. Nacida en Polonia, muy pronto se desilusionó del comunismo y su poesía adquirió un carácter mucho más personal y apolítico.

Mujeres Laureadas en otras categorías:

En Física: 1903- Marie Curie; 1963- Maria Goeppert Mayer.

En Química: 1911- Marie Curie; 1935- Irene Joliot Curie; 1964- Dorothy
Crowfoot Hodgkin.

En Fisiología y Medicina: 1947- Gerty Radnitz Cori; 1977- Rosaly Sussman
Yalow; 1983- Barbara McClintock; 1986- Rita Levin Montalcini; 1988-
Gertrude Elion; 1995- Christiane Nusslein-Volhard

 


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